Historia
Quebrada de Sepultura
EL MALÓN DE LA PAZ
El 15 de mayo de 1946 desde la Puna Jujeña y desde las serranías del Zenta partió una caravana hacia Buenos Aires para reclamar al General Perón la devolución de las tierras que habían pertenecido ancestralmente al Pueblo Kolla.
Llevaban una carta donde se formalizaban la petición que fue entregada por los dirigentes indígenas a la Casa Rosada, en mano, al entonces Presidente Perón y cuyo contenido exacto se ha perdido para siempre.
Si bien quienes organizaron la Caravana reconocían la marcha como tal, el evento fue bautizado por los medios de comunicación de la época como “El Malón de la Paz”, y con ese nombre quedó registrado en la historia.
De la Caravana participaron indígenas kollas de las provincias de Salta y Jujuy. Duró 84 días, desde el 15 de mayo hasta el 3 de agosto de 1946, y recorrió 2.425 kilómetros
Sus hechos fueron registrados por Hermógenes Cayo, quien describió las sensaciones y las formas de organización de la marcha como de la percepción sobre por los lugares por donde atravesó la marcha desde Jujuy hasta la llegada a la Ciudad Capital.
Los kollas salteños cruzaron por los caminos ancestrales de Abra de Zenta, camino sinuoso duro, ventoso y frio para llega a Palca de Aparzo y Cianzo, posteriormente por Humahuaca, para unirse posteriormente con los kollas jujeños en la ciudad de Jujuy.
Los indígenas de Jujuy partieron en una columna desde la Puna, de las localidades como Cochinoca, Casabindo, Tinate, Abra Pampa, entre otras, y con dirección a la Quebrada.
“Con dirección a Colorado … la gente iba en una gran tropa y se levantaba una polvareda en el camino por tanto arenal y médano. Una sed nos mortifica, y el cansancio”
“Por fin llegamos a la cumbre, y se ven las hondonadas de la Quebrada de Humahuaca, y las azuladas lejanías del sur argentino.
Se descuelgan sus bajadas de una cima tan alta. Susurraba el viento, mi Soberana en mis brazos, y con mi atadito y mi alforja empezamos con algunos amigos y hermanos a descolgarnos un escalón debajo de camino rocoso, que serpenteaba la falta hasta entrar en la Quebrada de Sepultura. El viento ese día bramaba por la enorme serranía, y al fin por la tarde ya la enseña de la patria recorre la quebrada. La gente nos mira atónitos y detenidas, dejando de trabajar sus quehaceres. A la puesta del sol llegamos a la escuela de Punta Ciénega, cansados, los pies doloridos, y buscamos donde podemos hacer un café. No hay leña; … dormí en un rincón estrecho de una cocina, pensando en el camino lejano y de mi casa que quedó atrás ya lejos. Que dolor”.
“En Colorado … pasamos los momentos más difíciles de la marcha. Sólo arenales y dunas encontramos allí, y los alimentos se nos habían acabado. A pasto y agua nos alimentamos, aquellos días.
Ni uno solo aflojó, ni las mujeres que cantaban para dar animo a los hombres … atravesamos luego una quebrada, rumbo a la Cuesta de los Colorados, esta quebrada, estoy seguro que no tiene parangón en el mundo entero por la formación de las rocas y de los colores vivos que ciertamente embelesan. Figúrense ustedes rocas que a medida que se camina junto a ellas cambian de colores de rojo a verde, de azul a amarillo, de negro a blanco, y de todo eso sembrado de infinidad de claveles del aire, de cactus. En este lugar extraordinario, en ese verdadero santuario de la naturaleza, cayeron los indios de rodillas rezando una oración, antes de bajar al llano.”
“Bajamos luego de los altos de los Colorados …en dos horas de marcha. El baquiano Daniel Dionicio, de setenta y cinco años, nos llevó por la vieja ruta del indio. Camino que sólo ellos conocen. Luego de atravesar la Quebrada de Humahuaca, siguiendo por la ruta nueve hasta Jujuy”.
La Caravana del Malón de la Paz es una historia –como tantas historias ocultas-, de lucha cotidiana por la recuperación del territorio de los pueblos indígenas, también es un camino, una larga marcha, hacia la justicia y la libertad.